Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de ELLA KREBS.
Es un momento significativo para recordarla, tanto nosotros, su familia, como todos quienes la conocieron como persona y como artista. ¿Qué prevalece? Para quienes vivimos y crecimos con ella, no hay distinción. Su taller estuvo siempre en casa, cuando niños en la azotea; después, al fondo del jardín; finalmente, como una extensión de su dormitorio, en una terraza acristalada donde cada mañana se situaba ante su caballete para pintar, con música clásica de fondo. Sus obras y su trabajo eran parte de la vida de todos nosotros. Vivió en el arte. Nosotros lo asimilamos con total naturalidad. Le preocupaba si algún día dejaría de pintar. Recuerdo que con 93 años, y con problemas de mácula que mermaron mucho su visión, me dijo un día, seria pero con esa gracia involuntaria que tenía: “Ya no voy a pintar más, he pasado a la clandestinidad”. Falleció con 98, por suerte, sin sufrir enfermedades más que las propias del envejecimiento. Siempre se sintió agradecida a la vida que tuvo. Su obra la prolonga. Y ella sigue tranquila, en esa forma de clandestinidad que es el recuerdo de su presencia, que guardamos cada uno de los que la quisimos. Hola, Ella. ♥️🖼️





